Muelo y rehago


Y uno se pregunta ¿dónde está la gente que es feliz?, decía Jacques Lacan en algún seminario. Y agregaba, que no, que esa gente que parece feliz, se ve en la situación de asumir su palabra y pues, nada que ver. Aquello por lo que creemos deberían ser felices, es en parte su problema.
Lacan también decía que la certeza es lo más inusitado y que solo se vincula a la más radical actualidad (estamos de noche) o a la locura.
En Matrix, el personaje que hacía como de Judas, en la entrevista con el agente Smith, mientras degustaba un jugoso  filete que sabemos virtual, y él lo sabe; al pedir sus treinta monedas: volver a ser conectado a la Matrix, le escuchamos decir,  la ignorancia es la felicidad.
Y si fuera posible, no sería así. 
Cómo ser feliz cuando hay dolor, burla, espanto, cinismo, la filosofía del caparazón y la estética de la fachada.
No sé si  aquel es un país libre, pero a veces cada quien ve cómo puede ser feliz, un momento, un instante, este día.



Uno termina dándose cuenta que lo habitual son los simulacros. Cuando ha muerto la fe, cuando cada quien vive en su mundo, cuando el frío no está afuera, está en tí.
No hay nada que perder, que ya no esté perdido.




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